“La nebulosa del té caliente y el horno de barro volvieron esa tarde. Sentí nuevamente la esencia de ser niño, volver al mundo vencible”
Cuántas veces nos hemos preguntado, si pudiéramos volver a ser un niño ¿seriamos más felices? La verdad es incierta, responder esta interrogante, debido que el mundo de los niños, es un mundo puro e inocente. Por eso cuando estamos en él, nuestros máximos héroes son los padres y los abuelos.
En la cosmovisión andina, el rol de los abuelos o achachila, es fundamental, son ellos quienes transmiten gran parte de la cultura, la lengua y la historia, ya que son considerado, fuente de sabiduría. Es por ello, que, para obtener un cargo dentro de la comunidad, siempre son personas mayores y es por una simple razón, tienen experiencia.
Los achachila, son aquellos que cuentan historias y transforman las voces del altiplano en poesía. Cuando somos niños y como cuenta el libro, nos encantaba escuchar historia del abuelo, son fantástica y reales. El sentarse alrededor del fuego o de un brasero, es una escena típica del altiplano. Como se trabaja media día (las jornadas en el mundo andino, comienzan cerca de las 5:00) es normal terminar cerca de la 13:00 o 14:00 para aprovechar las tardes en un entorno familiar. La hora más esperada, era la del abuelo, que invita a sus nietos a buscar cajones de tomates o sacos y sentarse para escuchar una nueva lección.
Recuerdo, que cuando era niña, yo quería ser cóndor, un ser superior, magnífico, leal y prudente. Preparábamos mascaras de cóndor, zorro, pumas y serpientes para personificar las historias del abuelo. Años dorados dirán algunos, años felices diría yo.
El libro de cuentos infantiles: “Los cuentos del Achachila Zenón” Busca reflejar esa esencia. La magia de ser niños. Cuentos basados en los principios de la cosmovisión andina como la reciprocidad, la dualidad, complementariedad, los ayllus, los ayni y el mismo respeto por la Pacha, hace una reflexión del pasado y el futuro y de nuestras imperfecciones como ser humano. Recordemos, que, para el mundo andino, todo debe estar en equilibrio, los extremos son mal visto, porque significan que vendrán situaciones negativas.
Todos los cuentos, que leerás en el libro, fueron contados por mi abuelo Zenón, que murió a sus 80 años. Un hombre gentil y generoso, como lo describe el prólogo del libro, un hombre que me crio y educo, para que hoy pudiera narrar sus historias.